Sobria despedida después de
algunos años de existencia. No hay nada que llevarse de este mundo gris donde
sólo he encontrado odio, hambre y guerra. Fenecen luces incandescentes
anunciando un despertar que nunca llega, por fin aprehendo una certeza sin que
se escurra una luciérnaga en mis manos: Mi cuerpo agoniza en el campo de
batalla mientras duermo y sueño contigo. Puede ser que después de todo nos
convirtamos en una estrella palpitando en el cielo a cambio de este corazón
sufriente que sólo reedita historias de amor incompletas.
Demasiados años enmohecido y
pudriéndome el alma, debatiéndome entre el caos de mis teorías y el anhelo de tener
un sueño compartido, elimino los ‘links’ que me unían a ti sin poder
restaurarlos en un sitio seguro. Mi paranoia se volvió el blanco de mi locura
donde preferí sacarme los ojos antes que soportar tu rapto y tu secuestro por
el crimen organizado. Sin poder dar pruebas de tu existencia, te mantuve en el
sótano de mis ideas y ahora te tengo que dejar ir para que mueras entre la
rivalidad y el ataque de nuestra carrera armamentista.
Doscientos años son imposibles
de vivir, ¿por qué entonces tengo que vivir lo que me resta de vida sin ti?
Hubiera tardado al menos veinte años en recorrer tu espalda y tres decenios en
darle la vuelta a tu cuello. Hubiera tardado al menos cinco décadas en
descifrar cada lunar de tu cuerpo y un centenar en descubrir todos los matices
de tus ojos. Antes de que el mundo estalle y nuestra materia se desintegre, no
me llevo nada de ti, sólo ideas de haberte pertenecido, imágenes escurridizas
de encuentros juntos. Temo olvidarme de ti. Temo yacer solo y que mis pasiones
y obsesiones no cumplidas sucumban en el purgatorio. Preso en una encrucijada
de pétalos y espinas.
¿A dónde me llevas mundo gris?
Si no me ofreciste nada ¿qué tienes deparado para mí? Las praderas verdes están
devastadas por plagas, las nubes están contaminadas de smog, ¿qué paraíso
puedes rentarnos? ¿Con qué moneda te podemos pagar? ¿Qué lengua tendremos que
hablar para ‘bisnear’ nuestro
pase a la eternidad? Si la brecha entre ricos y pobres marcó nuestra
existencia, si vivimos medidas tan condenatorias para la migración y si
predominó la exclusión social y la discriminación hacia los grupos minoritarios
¿Qué puedes ofrecernos ya?
Me cala ver los seres que
caminamos este mundo gris sin rumbo y que ahora nos queda pisar estos rieles
hendidos esperando la estación del infierno. ¿A dónde tenemos que ir? ¿Nos
tenemos que quitar nuestras pertenencias? ¿Viajaremos a otro país para
prostituirnos a dios? No me agradó vivir en la generación de la trata de
personas, ¿por qué entonces tengo que acceder a caminar por el abuso y la
explotación aún después de muerto? Y si después de todo, morir es regresar a
una tabla rasa, sin imágenes ni inscripciones en la memoria, prefiero revivir
en agua o en sangre, pero en el agua y en la sangre que te haga renacer mi
amor, a ti mi estrella fugaz que mueres conmigo, a ti mi sueño perdido y
hermoso que nació en nuestro mundo posmoderno entre las promesas
trasnacionales, el levantamiento de las fronteras en la comunicación y la miseria
personal y material en tus ojos.
